De vez en cuando me da por pensar en todos los errores que cometí en el pasado, en estos últimos meses. Comenzaste arriesgando tú, renuncié a una noche contigo por miedo, vergüenza, timidez. Mi castigo fue encontrarme contigo la mañana siguiente y tener que inventarme cualquier excusa barata para no parecer demasiado idiota. Meses sin verte, sin saber qué hacer. Decidí abrirte mi corazón, de manera cobarde, detrás de una pantalla y a casi cien kilómetros de distancia. En aquel momento, no supe si eso era lo correcto, pero sí lo que debía hacer, siguiendo más una necesidad que un impulso.
Llegó el otoño, y cuando casi no recordaba tu cara, volviste, decidiste que de todas las personas especiales que conocías en mi ciudad, querías aprovechar una hora a mi lado. Aquella tarde volvieron todos aquellos sentimientos que creía haber enterrado, pero que en el fondo jamás desaparecieron. Juré no volver a olvidarte, ni un solo instante, y de momento no he faltado a mi promesa, sellada con un abrazo y un “a ver cuando nos volvemos a ver” . Otro par de meses vacíos en mi vida a continuación, tuvo que llegar la nieve y el frío para que nos volviéramos a ver, siendo esta vez yo la que fuera a verte. Noche interminable, preciosa, a tu lado, ¿qué otra cosa se puede esperar? Sin embargo, se quedó en eso, a tu lado, pero no tan cerca de ti como me hubiera gustado. Más meses en la distancia, llegaste a irte a Londres y yo a Roma, no te imaginas lo que me costó respirar aquellos días. Nada más volver le eché valor, cometí la locura de dejarlo todo, coger un autobús e ir a buscarte. Una vez allí, te sentía tan cerca..Cada ráfaga de viento me traía tu olor ,y cada esquina escondía nuestros recuerdos. Un mensaje, nos vemos en quince minutos. Prisas, nervios, emoción, y, sobre todo, amor en estado puro (“parecíamos dos críos nerviosos por encontrarnos”). No podía creerme que te tuviera otra vez conmigo, a mi lado, esta vez sí. Mil cosas de las que hablar, anécdotas de viajes por Europa, de alguna que otra fiesta y de cómo nos iba la vida separados. Cena romántica, frente a frente, tú y yo, vamos a brindar por nosotros. Decidí jugarme lo poco que tenía aquella noche, cuando no se tiene nada, no hay nada que perder. Nos agarramos del brazo, nos dimos la mano, sonreímos y decidimos exhibir algo que, de momento, no teníamos, pero que seguía siendo nuestro. Una broma, una mirada que lo dice todo: ¡Es ahora o nunca! Y de repente, sucede. Que paren el mundo, que yo me bajo. Apurando, desafiando al tiempo, prometimos que aquello no se iba a quedar ahí. Sí, mil y una promesas, que si la distancia no lo impide, en verano se cumplirán. ♥
