Cada vez me doy más cuenta de que nadie lo entiende. Es muy difícil tratar de explicar cómo se puede estar enamorada con 16 años, y cómo me enamoré a los 15. Y es más complicado aún hacer comprender que le quiero y le querré solamente a él. A pesar de que esté en la otra punta de la provincia, de que nos veamos cada varios meses, de que no es edad para estar tan enganchada a alguien. Pero, al fin y al cabo, me siento orgullosa. 9 meses más tarde, sigo aquí, día a día, y juro que él ha sido el primer pensamiento al despertar de todas esas mañanas. Dicen que lo que más cuesta es luego lo que más disfrutas, y puedo asegurar que es así. Luché por un sueño, me caí mil veces (¡pero me levante mil y una!), conseguí que estuviéramos juntos al menos una noche, sigo escribiendo una página nueva de esta historia que me gustaría que no acabara jamás. De momento, no la veo final. Y eso me gusta. Casi, casi, casi tanto como él, el amor de mi vida.

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