martes, 3 de mayo de 2011

Soy una romántica en un mundo de locos.

Cada vez me doy más cuenta de que nadie lo entiende. Es muy difícil tratar de explicar cómo se puede estar enamorada con 16 años, y cómo me enamoré a los 15. Y es más complicado aún hacer comprender que le quiero y le querré solamente a él. A pesar de que esté en la otra punta de la provincia, de que nos veamos cada varios meses, de que no es edad para estar tan enganchada a alguien. Pero, al fin y al cabo, me siento orgullosa. 9 meses más tarde, sigo aquí, día a día, y juro que él ha sido el primer pensamiento al despertar de todas esas mañanas. Dicen que lo que más cuesta es luego lo que más disfrutas, y puedo asegurar que es así. Luché por un sueño, me caí mil veces (¡pero me levante mil y una!), conseguí que estuviéramos juntos al menos una noche, sigo escribiendo una página nueva de esta historia que me gustaría que no acabara jamás. De momento, no la veo final. Y eso me gusta. Casi, casi, casi tanto como él, el amor de mi vida.



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