Pensaba en lo extraña que me sentía en ese momento, sin saber cuál era el motivo. Tenía la impresión de que una nueva etapa iba a dar comienzo en mi vida, pero desconocía cómo y por qué. Siempre me habían atraído los imposibles, los retos, pero aquello rozaba la irrealidad. ¿Cómo podía querer a alguien sin conocerle, sin haberle visto nunca? A eso había que unirle que lo poco que sabía de él contribuía a formarme una imagen suya poco menos que desmotivante. Estaba pensando en que reunía todos los factores necesarios para engancharme a él, cuando, de repente, sucedió. Apareció en el momento justo. Nadie me dijo nada, pero yo supe que era él. Tampoco puedo explicar lo que sentí en ese momento. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, y cuando sus ojos se cruzaron con los mío, comprendí aquello de lo que tantas veces había oído hablar: había encontrado a esa persona especial, la parte que me complementa, mi mitad, mi alma gemela, el amor de mi vida, aquello que me gustaría ver al despertarme el resto de mi vida, y que desde aquella tarde noche de verano, ha sido, todos y cada uno de los días, mi primer pensamiento al despertar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario