Si no estuviera enamorada, no buscaría su nombre en el fondo de cada copa, donde el alcohol no ahoga la nostalgia, si no que la saca a flote. Si no le quisiera, no buscaría su cara entre la gente, aún sabiendo que no está aquí, que hace tiempo que me dejó, y que quién sabe cuando volverá. Si no fuera la persona más importante de mi vida, no me sentiría fuera de lugar en mi propia ciudad, no me inventaría cualquier excusa para escaparme a verle, y no pronunciaría su nombre cada cinco minutos sin querer. Si no le echara tanto de menos, haría las cosas pensando en mí, y no estaría todo encaminado a alcanzar un futuro juntos. Si no sintiera que esto es verdadero, que me voy a morir queriéndole, llevaría muchos meses sin derramar una sola lágrima, siendo bastante más feliz, y no sentiría que mi sonrisa depende de nadie. Si no le amara, no sabría lo que es querer de verdad a alguien, sufrir por intentar olvidarle, y necesitar tenerle a mi lado. Aun así, tampoco sabría lo que se siente cuando no se puede ser más feliz, cuando sólo mirarle a los ojos y saber que estás con él es suficiente.
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