martes, 31 de mayo de 2011

Nadie puede decir que lo entiende...porque no es así.

Si no estuviera enamorada, no buscaría su nombre en el fondo de cada copa, donde el alcohol no ahoga la nostalgia, si no que la saca a flote. Si no le quisiera, no buscaría su cara entre la gente, aún sabiendo que no está aquí, que hace tiempo que me dejó, y que quién sabe cuando volverá. Si no fuera la persona más importante de mi vida, no me sentiría fuera de lugar en mi propia ciudad, no me inventaría cualquier excusa para escaparme a verle, y no pronunciaría su nombre cada cinco minutos sin querer. Si no le echara tanto de menos, haría las cosas pensando en mí, y no estaría todo encaminado a alcanzar un futuro juntos. Si no sintiera que esto es verdadero, que me voy a morir queriéndole, llevaría muchos meses sin derramar una sola lágrima, siendo bastante más feliz, y no sentiría que mi sonrisa depende de nadie. Si no le amara, no sabría lo que es querer de verdad a alguien, sufrir por intentar olvidarle, y necesitar tenerle a mi lado. Aun así, tampoco sabría lo que se siente cuando no se puede ser más feliz, cuando sólo mirarle a los ojos y saber que estás con él es suficiente.

lunes, 23 de mayo de 2011

Te quiero, y desde el día en que te ví me enamoré.

Pensaba en lo extraña que me sentía en ese momento, sin saber cuál era el motivo. Tenía la impresión de que una nueva etapa iba a dar comienzo en mi vida, pero desconocía cómo y por qué. Siempre me habían atraído los imposibles, los retos, pero aquello rozaba la irrealidad. ¿Cómo podía querer a alguien sin conocerle, sin haberle visto nunca? A eso había que unirle que lo poco que sabía de él contribuía a formarme una imagen suya poco menos que desmotivante. Estaba pensando en que reunía todos los factores necesarios para engancharme a él, cuando, de repente, sucedió. Apareció en el momento justo. Nadie me dijo nada, pero yo supe que era él. Tampoco puedo explicar lo que sentí en ese momento. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, y cuando sus ojos se cruzaron con los mío, comprendí aquello de lo que tantas veces había oído hablar: había encontrado a esa persona especial, la parte que me complementa, mi mitad, mi alma gemela, el amor de mi vida, aquello que me gustaría ver al despertarme el resto de mi vida, y que desde aquella tarde noche de verano, ha sido, todos y cada uno de los días, mi primer pensamiento al despertar.

domingo, 22 de mayo de 2011

Reflexiones tras los kilómetros.

Adicta a él, a sus bromas, sus te quiero desde lejos, cada letra, cada punto suspensivo. Vivo detrás de una simple pantalla tras la que se esconden él y su sonrisa, sólo de vez en cuando. Dicen que no hay manera más fría de comunicarse que ésta, pero se convierte en una salvación cuando es la única. Siento que, aún así, me estoy entregando demasiado. El problema es que es difícil controlar y mantener a raya un sentimiento tan grande, que sólo puede expresarse a través de un teclado. Un sentimiento intenso, traicionero y cobarde, que se manifiesta cuando menos lo necesito, y que se encoge estando a su lado. Como yo, últimamente, carezco de razón y abuso de corazón, podría definirme así, del mismo modo que lo que siento por él. Insegura. Con miedo a fracasar, a no recibir algo a cambio. Perdida. Nostálgica. Expectante, distante y al mismo tiempo, a su lado. Como todo lo que tengo se lo entrego, tengo miedo de quedarme vacía, muerta en vida, en un abismo del que no pueda escapar. Y puestos a sincerarse, también me da miedo el tiempo, la distancia, las terceras personas, y, sobre todo, que algún día me llegue a odiar tanto a mí misma como en ocasiones no soporto mi inestabilidad, mi falta de valor, mis cambios de humor, mi miedo a perderle por cualquier tontería.

lunes, 16 de mayo de 2011

¿Quién te admira como yo?

De vez en cuando, hace un tiempo, me dijeron: “Ah, ¿le conoces? Es muy buen defensa el chaval, va a ser grande”. Y yo sonreía. Sí, lo sabía, no necesitaba que nadie me lo dijera. Era verle con esa camiseta blanquiazul, con ese tres a la espalda, y saber que no hay ninguna sensación mejor que esa. Ni siquiera besarle, ni tenerle cerca, ni verle sonreír puede superar lo orgullosa que me siento de él en esos momentos. Esto sí que es difícil de explicar. Que mi ídolo es él, el mayor motivo de mi sonrisa; el único motivo para seguir adelante. Y que ese ídolo no juega en Primera división, sino en Tercera.
       

Paseo por las huellas que dejan tus zapatos.

Amanece, pero no en París, sino en mi propia ciudad del amor. Una taza de leche caliente, pantalones cortos, una camiseta demasiado grande de un café italiano, y música suave de fondo inundando de flamenco la habitación. Por la calle, una vez más esa sensación de que me tira mi sangre, de la asombrosa cantidad de recuerdos que encierra cada rincón de ese lugar al que puedo considerar mi tierra. Fuimos como un huracán, arrasamos con todo. En cuatro días dejamos nuestra huella en todas las esquinas, demasiado alcohol y no menos romanticismo en más de un bar, risas encerradas en cualquier calle, besos robados en un banco a la luz de la última luna de abril.

El simple hecho de estar allí ya es sentirte cerca, y créeme, eso es más que suficiente.

lunes, 9 de mayo de 2011

La última luna de abril.

Puede que él no crea en ningún tipo de amor, y mucho menos en el nuestro. Seguramente confiará en aventuras de una noche, en amores de contenedor, y creerá que eso es la felicidad.  En el fondo, no puedo culparle por eso, el romanticismo está limitado para unos pocos, por suerte o por desgracia. Pero del mismo modo, él no puede echarme la culpa por quererle, por esperarle y por pensar que, como nadie le quiere como yo, de un modo u otro, un cachito de su vida me pertenece. Única y exclusivamente a mí. Y eso es algo que, ni la distancia ni nadie me va a poder quitar. Jamás.

domingo, 8 de mayo de 2011

Love hurts, whether it's right or wrong.

Después de esto.. podría desearte algo malo , pero NO sería sincera, así que cojo mi orgullo, mi enfado, mis ganas de llorar, y os doy un portazo, a tí,  y a ella.


sábado, 7 de mayo de 2011

Como si no hubiera pasado el tiempo.

A veces me pregunto si fuiste sincero cuando me dijiste que me querías. Si aquella noche fue tan sólo un espejismo. Si decías la verdad cuando decías que tenías ganas de verme. Si merece la pena tanta espera para algo que seguramente no ocurrirá nunca. Si alguna vez te acuerdas de mí y de lo mucho que te quería (y que nunca dejé de hacerlo). Si sabes que nadie te admira como yo. Si es que al principio fuimos demasiado rápido y ahora parecemos dos desconocidos. Si hay algo que haga por mí misma, o si todo lo hago por ti. Si algún día llegaré a dejar de quererte, y podré olvidarte. Si la distancia acabará definitivamente con lo nuestro. Si conseguiré superar cada error, cada mentira que te dije, cada falta de valor. Si el decir que eres mi vida entera se queda corto, y si algún día seré lo suficientemente valiente como para decirte lo que siento.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Me gustaría recordarte como una historia importante y sincera.

De vez en cuando me da por pensar en todos los errores que cometí en el pasado, en estos últimos meses. Comenzaste arriesgando tú, renuncié a una noche contigo por miedo, vergüenza, timidez. Mi castigo fue encontrarme contigo la mañana siguiente y tener que inventarme cualquier excusa barata para no parecer demasiado idiota. Meses sin verte, sin saber qué hacer. Decidí abrirte mi corazón, de manera cobarde, detrás de una pantalla y a casi cien kilómetros de distancia. En aquel momento, no supe si eso era lo correcto, pero sí lo que debía hacer, siguiendo más una necesidad que un impulso.
Llegó el otoño, y cuando casi no recordaba tu cara, volviste, decidiste que de todas las personas especiales que conocías en mi ciudad, querías aprovechar una hora a mi lado. Aquella tarde volvieron todos aquellos sentimientos que creía haber enterrado, pero que en el fondo jamás desaparecieron. Juré no volver a olvidarte, ni un solo instante, y de momento no he faltado a mi promesa, sellada con un abrazo y un “a ver cuando nos volvemos a ver” . Otro par de meses vacíos en mi vida a continuación, tuvo que llegar la nieve y el frío para que nos volviéramos a ver, siendo esta vez yo la que fuera a verte.  Noche interminable, preciosa, a tu lado, ¿qué otra cosa se puede esperar? Sin embargo, se quedó en eso, a tu lado, pero no tan cerca de ti como me hubiera gustado. Más meses en la distancia, llegaste a irte a Londres y yo a Roma, no te imaginas lo que me costó respirar aquellos días. Nada más volver le eché valor, cometí la locura de dejarlo todo, coger un autobús e ir a buscarte. Una vez allí, te sentía tan cerca..Cada ráfaga de viento me traía tu olor ,y cada esquina escondía nuestros recuerdos. Un mensaje, nos vemos en quince minutos. Prisas, nervios, emoción, y, sobre todo, amor en estado puro (“parecíamos dos críos nerviosos por encontrarnos”). No podía creerme que te tuviera otra vez conmigo, a mi lado, esta vez sí. Mil cosas de las que hablar, anécdotas de viajes por Europa, de alguna que otra fiesta y de cómo nos iba la vida separados. Cena romántica, frente a frente, tú y yo, vamos a brindar por nosotros. Decidí jugarme lo poco que tenía aquella noche, cuando no se tiene nada, no hay nada que perder. Nos agarramos del brazo, nos dimos la mano, sonreímos y decidimos exhibir algo que, de momento, no teníamos, pero que seguía siendo nuestro. Una broma, una mirada que lo dice todo: ¡Es ahora o nunca! Y de repente, sucede. Que paren el mundo, que yo me bajo. Apurando, desafiando al tiempo, prometimos que aquello no se iba a quedar ahí. Sí, mil y una promesas, que si la distancia no lo impide, en verano se cumplirán.





















martes, 3 de mayo de 2011

Soy una romántica en un mundo de locos.

Cada vez me doy más cuenta de que nadie lo entiende. Es muy difícil tratar de explicar cómo se puede estar enamorada con 16 años, y cómo me enamoré a los 15. Y es más complicado aún hacer comprender que le quiero y le querré solamente a él. A pesar de que esté en la otra punta de la provincia, de que nos veamos cada varios meses, de que no es edad para estar tan enganchada a alguien. Pero, al fin y al cabo, me siento orgullosa. 9 meses más tarde, sigo aquí, día a día, y juro que él ha sido el primer pensamiento al despertar de todas esas mañanas. Dicen que lo que más cuesta es luego lo que más disfrutas, y puedo asegurar que es así. Luché por un sueño, me caí mil veces (¡pero me levante mil y una!), conseguí que estuviéramos juntos al menos una noche, sigo escribiendo una página nueva de esta historia que me gustaría que no acabara jamás. De momento, no la veo final. Y eso me gusta. Casi, casi, casi tanto como él, el amor de mi vida.